Díaz Barriga, F. (2006). La
evaluación auténtica centrada en el desempeño: Una alternativa para evaluar el
aprendizaje y la enseñanza. En: Enseñanza situada: Vínculo entre la
escuela y la vida (cap. 5, pp. 125-163)
La máxima crítica a la evaluacion es
que no hay una congruencia entre lo que se enseña y lo que se está evaluando. En la perspectiva situada, la enseñanza se organiza en torno a
actividades auténticas, y la evaluación requiere guardar congruencia con ellas,
de tal manera que también exista una evaluación auténtica. La premisa central de una evaluación auténtica es que hay que evaluar
aprendizajes contextualizados.
En palabras de Herman, Aschbacher y Winters este tipo
de evaluación se caracteriza por
"demandar
que los aprendices resuelvan activamente tareas complejas y auténticas mientras
usan sus conocimientos previos, el aprendizaje reciente y las habilidades
relevantes para la solución de problemas reales".
La evaluación auténtica va un paso más allá en
el sentido de que destaca la importancia de la aplicación de la habilidad en el
contexto de una situación de la vida real. Lo que hace referencia a que se
evalúe lo que el alumno aprende en su contexto, basándose en su vida cotidiana,
no solo lo que se aplica en el aspecto formal de la educación.
Una evaluación auténtica centrada en el desempeño
busca evaluar lo que se hace, así como identificar el vínculo de
coherencia entre lo conceptual y lo procesual, entender cómo ocurre el
desempeño en un contexto y situación determinados, o seguir el proceso de
adquisición y perfeccionamiento de determinados saberes o formas de actuación.
Asimismo, implica una autoevaluación por parte del alumno. El alumno muestra sus habilidades y actitudes en la marcha del
curso escolar, las cuales el docente debe de observar, analizar para poder
evaluar auténticamente basado en las habilidades desarrolladas del alumno, para
esto debe de utilizar estrategias para la
evaluación auténtica centradas en el desempeño, entre las que destacan: los
portafolios, las pautas de observación y / o autoevaluación, las pruebas
situacionales, los registros observacionales y anecdóticos, los diarios de
clase y las rúbricas o matrices de
valoración.
La evaluación auténtica sólo tiene sentido si
representa una verdadera motivación para el cambio:
“los estudiantes necesitan desarrollarse y sentirse
capaces en el mundo, dentro y fuera de la escuela, por lo que requieren trabajar
cooperativamente en equipos, y esforzarse para alcanzar metas grupales y
sociales en un ambiente de retroalimentación continua y autor reflexión” (Díaz
Barriga, 2004a).
Para una evaluación auténtica centrada en el
desempeño, destacaremos las rúbricas y los portafolios, así como algunos otros
recursos de interés para la reflexión y autoevaluación del alumno y el
profesor.
La evaluación mediante portafolio s es una evaluación
del desempeño, y en determinadas situaciones se convierte en una evaluación
auténtica (Arends, 2004).
Es una evaluación del desempeño porque los
estudiantes tienen que demostrar que son capaces de ejecutar determinadas
tareas (escribir un ensayo, resolver un problema, conducir una indagación) y
porque se evalúa el conocimiento procedural, no sólo el declarativo, al
incursionar incluso en la actitud y disposición hacia el trabajo realizado.
Puede convertirse en una evaluación auténtica si la demostración de los
aprendizajes buscados ocurre en escenarios de la vida real, en situaciones de
probada relevancia social o profesional.
Tanto en el caso del portafolios como en el de las
rúbricas o de otros instrumentos de evaluación auténtica, se afirma que lo que
se pretende es proponer indicadores contextuados y lo más precisos posible del
desempeño del aprendiz, que el enfoque de la evaluación que propugnan es más
cualitativo que cuantitativo, que interesa explorar los procesos de crecimiento
y avance de alumnos y / o docentes y que necesariamente integran elementos de
auto evaluación y reflexión.

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